10 preguntas para saber si eres un comprador compulsivo

Desde que me independicé, he vivido en distintas casas y, por lo tanto, he sobrevivido a unas cuantas mudanzas. Creo que nunca eres tan consciente de lo absurdo que es acumular como cuando te toca quitarlo todo de su sitio, meterlo en cajas, bajarlo unos cuantos pisos, cargarlo en una furgoneta, bajarlo de esa furgoneta, subirlo unos cuantos pisos, sacarlo de las cajas y colocarlo en su nuevo sitio. ¡Uf! Solo de escribirlo ya me canso.

Todo el mundo debería mudarse de casa al menos una vez cada 5 años y aprovechar para aligerar equipaje. Para muchas personas, vivir es sinónimo de acumular y acaban ahogadas bajo un montón de trastos. Yo hago justo lo contrario. Cada mudanza me resulta más fácil que la anterior, sencillamente porque cada vez tengo menos cosas. Esto me aporta enormes beneficios: necesito menos espacio para que mi casa parezca amplia y espaciosa, menos tiempo para limpiar y ordenar, menos dinero para comprar y reparar… Pero, sobre todo, me siento mucho más libre interiormente.

Como ya te habrás dado cuenta, ser liberto es ir un poco al revés del mundo. O bastante. En anteriores capítulos ya nos hemos «ocupado» del dios Trabajo. Ahora, le llega el turno a otro de los pilares de este estilo de vida que ni a ti ni a mí nos satisface: el dios Consumo.

Vivimos en una sociedad que sigue a pies juntillas un modelo basado en trabajar y consumir. Es un pez que se muerde la cola y si quieres hiperconsumir, tendrás que hipertrabajar. Es así.

El ciudadano «modélico» trabaja muchas horas a cambio de un dinero que emplea para comprar muchas cosas que producen otros ciudadanos modélicos a cambio de dinero para comprar otras muchas cosas.

¿No te parece triste?

O sea que para ser felices hay que comprar. Es una de las primeras cosas que aprendemos.

Si te portas bien, mamá te comprará algo. Celebramos la Navidad comprando. El cumpleaños, comprando. La llegada del verano, comprando. La boda, por supuesto, comprando y comprando y comprando. Pero, pensándolo bien, tampoco hace falta estar de celebración para comprar, ¿no? Si estamos deprimidos, nos sentimos gordos, nos ha dejado la novia, estamos ansiosos porque hemos dejado de fumar o aburridos porque tenemos una tarde libre, nos vamos al centro comercial y…. ¡a comprar!

Lo mejor del asunto es que gracias a la publicidad, pero también a esa gran fábrica de sueños que es el cine, algo que objetivamente es un rollo se convierte en un pasatiempo supermolón.

Piensa un poco en todo lo que implica comprar: ir al centro y encontrar aparcamiento; deambular por las tiendas buscando el producto adecuado y comparar precios y calidades; si es una prenda de ropa, probárnosla; hacer cola para pagar en caja; gastar dinero; transportar hasta nuestra casa lo que hemos comprado y hacerle un hueco entre nuestras antiguas compras: ¡qué pereza, por Dios! 

Julia Roberts, lo siento si estás leyendo este libro, pero millones de mujeres y, no nos engañemos, también un buen puñado de hombres de todo el mundo han convertido, por tu culpa, el «ir de compras» en su actividad de ocio preferida. Sueñan con ser un poco como tú en Pretty woman, que un galán a lo Richard Gere las acompañe de tiendas por Rodeo Drive (pagando la cuenta, claro) y luego regresar a casa cargadas de bolsas de vestidos y complementos de lujo. Una repercusión parecida han tenido en muchos hombres y, no nos engañemos, también en un buen puñado de mujeres escenas de películas que conectan el éxito con la posesión de prendas de lujo como American psycho (Bateman viste trajes de Valentino, corbatas a rayas de Armani y gafas de Oliver Peoples o Ray-Ban).

Julia, estoy seguro de que estarás de acuerdo conmigo en que el cine, junto con la publicidad, ha ayudado bastante a convertir el «ir de compras» en algo guay. Eso no quita que me encantaras como Vivian Ward, aunque yo te veo más como Erin Brockovich… Bueno, dejemos a Julia en paz y sigamos.

 

ONIOMANÍA, ES DECIR, LOCURA POR EL CONSUMO

El texto que acabas de leer es un fragmento de “La culpa fue de Julia Roberts”, el capítulo 16 de SER LIBERTO: el libro que tu jefe no quiere que leas. En mi libro me ocupo ampliamente de cómo el hiperconsumismo nos esclaviza y, por lo tanto, nos aleja de una vida más plena e ilusionante.

Para mi, ir de compras es como llevar el coche al taller. Sé que hay que hacerlo periódicamente, ¡pero ni mucho menos me divierte!

Sin embargo, el cine y la publicidad han conseguido que veamos el ir de compras como algo lúdico, como una actividad de ocio. El centro comercial es un caso paradigmático pero también lo son las tiendas duty free de los aeropuertos: ¿tienes un par de horas muertas antes de pillar tu vuelo? ¡Tranquilo, tenemos un montón de tiendas para que te lo pases bomba comprando!

Hoy me gustaría que pensaras un poco en ello. Que te preguntaras hasta que punto, como diría Alaska, “te pasas el día comprando” y que tomaras consciencia de que ello no te ayuda a ser liberto. Todo lo contrario, si se te va la mano con lo de las compras, puedes tener problemas serios…

Lo que era un hobby tonto pero bastante inofensivo se puede convertir en una adicción: la compra compulsiva. Es lo que se denomina también oniomanía (locura por el consumo, en griego) o shoppingmanía y se presenta cuando una persona es incapaz de controlar los impulsos que la llevan a comprar.

Los expertos apuntan que entre un 2 y un 8% de la población general padece este tipo de adicción y que afecta muchas personas alrededor de los 40 años de edad, especialmente a mujeres.

Más que el hecho de poseer algo largamente deseado, a los compradores compulsivos lo que, de verdad, les da el subidón es el instante mágico de la compra. ¡Ya es mío! ¡Por fin, lo tengo! ¡Esta súper oferta ya no se me escapa!

Es así de triste: los compradores compulsivos experimentan una inyección de autoestima en el momento de sacar la VISA para realizar la compra o cuando salen triunfalmente de la tienda con una nueva adquisición debajo del brazo. Por contra, si no satisfacen este deseo irrefrenable pueden ser presa de una gran ansiedad, especialmente en momentos de borrachera consumista como los períodos de rebajas o días tipo black friday.

 

SI ERES COMPRADOR COMPULSIVO NO PODRÁS SER LIBERTO, ¿ES BASTANTE LÓGICO NO?

La adicción a las compras tiene, lógicamente, efectos negativos de diversa índole para las personas que la sufren: psicológicos, económicos, sociales… Sin embargo, al tratarse de una adicción silenciosa (cuesta identificarla puesto que quien la sufre hace lo posible por disimularlo y, además, la sociedad no ve el comprar mucho con malos ojos), no se suele tomar en serio hasta que no tiene consecuencias graves como la ruina económica.

¿Crees que estoy exagerando? ¿De verdad que en tu entorno no hay nadie endeudado hasta las cejas por su consumismo desenfrenado? ¿Ningún amigo o amiga incapaz de pasar por el duty free sin llevarse algo?

 

10 PREGUNTAS PARA SABER SI ERES UN COMPRADOR COMPULSIVO

Bueno, ha llegado la hora de la verdad. El momento en que te voy a pedir que hagas un pequeño ejercicio de introspección para descubrir si en tu forma de comprar hay algún rasgo de adicción.

En base a los síntomas descritos por expertos en adicciones, he elaborado un cuestionario de 10 preguntas. Te invito a que te tomes tu tiempo a la hora de contestarlas y que, en tus respuestas, seas 100% sincero contigo mismo. Ni es un examen ni nadie te está juzgando o sea que relájate y tómatelo como un pequeño chequeo.

¿Preparado?

 

1-¿Sientes, a menudo, el deseo intenso e irresistible de realizar una compra?

2-¿Cuando estás muy contento o muy triste sientes el impulso de irte de compras?

3-¿Cuando te vas de compras, especialmente en rebajas o durante las Navidades, tienes la sensación que pierdes el control y eres incapaz de dejar de comprar, aún sabiendo que estás gastando demasiado?

4-¿Notas un enorme subidón en el momento de comprar y una sensación de alivio una vez realizada la compra?

5-¿Sientes que poco a poco las compras se han ido convirtiendo en lo más importante de tu vida y que cuando paseas, viajas, sueñas… solo piensas en qué podrías comprar?

6-¿Te pones de mal humor o te sientes triste cuando, por la razón que sea (muchas veces, falta de dinero), no puedes comprar todo lo que desearías?

7-¿Te pasa a menudo que, al llegar a casa, te das cuenta de que has comprado por comprar y te sientes vacío y triste?

8-¿Compras cosas que crees que necesitas pero, sin embargo, cuando las tienes no las usas jamás?

9-¿Tienes docenas de una pieza en concreto (zapatos, bolsos, corbatas…) y, sin embargo, eres incapaz de dejar de comprar más?

10-¿Escondes tus compras porque te da vergüenza que tu pareja o amigos descubran que se te está yendo de las manos?

 

¿QUÉ HACER SI CREES QUE ERES ADICTO A LAS COMPRAS?

Bueno, aceptar que se tiene un problema con las compras, que eres un comprador compulsivo, creo que ya es un primer paso muy valiente. Por lo tanto, en primer lugar, ¡felicidades, campeón! Mi consejo, si es este tu caso, es que no te lo quedes para ti ni te sientas culpable por ello. ¡Busca ayuda! Hay psicólogos especializados en este tipo de adicción que te pueden dar unas pautas para superarla.

Como te puedes imaginar, la solución no pasa por dejar de comprar puesto que deberás seguir comprando el resto de tu vida.

Se trata, más bien, de aprender a comprar y de no confundir querer con necesitar.

Por supuesto ya sé que una cosa es decirlo y otra bien distinta hacerlo y que no tiene nada de fácil. El cine y la publicidad nos bombardean a diario con mensajes que tratan de confundirnos y a todos, repito, a todos nos pasa que hay momentos en que estamos flojos y nos dejamos llevar.

Ser liberto es un camino maravilloso pero nadie dijo que fuera fácil. ¡Si consigues que las compras no te esclavicen ya habrás dado un paso de gigante! Dejar de comprar tanto está muy bien pero ya sabes que el segundo paso es dejar de acumular. Te lo cuento en Como convertir tu casa-almacén en un hogar minimalista.

Deja que antes de terminar te recomiende, una vez más, SER LIBERTO: el libro que tu jefe no quiere que leas. ¡Muchos ánimos!

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