Como convertir tu casa-almacén en un hogar minimalista

Sí, admítelo. Vives en una casa-almacén, un espacio lleno hasta los topes de cosas. Hoy quiero animarte a no tener miedo al vacío. A dejar espacio para lo que realmente importa: tú.

¿Cuando fue la última vez que hablaste cara a cara con tus pertenencias? Sí, me refiero a entablar una conversación seria con todas esas cosas con las que compartes la vida. Esos trastos que llenan tu existencia. Ese montón de chatarra espacial que orbita a tu alrededor.

¿Me he puesto chungo, verdad? Lo hago para provocarte. Para que entres en calor, porque si sigues leyendo este post te advierto que tendrás que enfrentarte a algunos retos muy duros: ¿Serás capaz de desprenderte de la camiseta que llevaste en tu primer concierto de Madonna cuando tenías 16 años? Sí, esa prenda que a pesar de estar hecha unos zorros y que te llegue a media barriga sigue doblada en tu armario, enterrada bajo veinte camisetas más… No hace falta que me respondas ahora mismo.

 

COSAS ÚTILES Y COSAS INÚTILES

Bueno, antes de hablar con tus cosas debes saber que están. Sí, tomar consciencia de su existencia. Es más importante de lo que crees pues, a menudo, las cosas que pueblan nuestro entorno pasan desapercibidas sencillamente porque estamos demasiado acostumbrados a ellas.

En nuestras casas hay dos tipos de cosas: las útiles (o sea, las que se usan para hacer algo) y las inútiles (o que no se usan para nada).

Para que una cosa sea útil y merezca estar en casa debe usarse, como mínimo, una vez al año. Te reto a que te des una vuelta por tus habitaciones, abras armarios y cajones y preguntes a tus cosas ¿cuanto hace que no te uso? En principio ellas no te responderan nada (con la inteligencia artificial, todo se andará), pero este ejercicio te permitirá valorar hasta qué punto acumulas cosas inútiles.

Entonces, ¿hay que eliminar todo lo inútil?

Hombre, todo quizás es un poco radical pero yo, como lo soy, lo hago. Actualmente, no guardo nada que no me sea útil. Sin embargo, mi concepto de utilidad quizás no concuerde con el de otros… Por ejemplo, en mi comedor tengo seis plantas. ¿Son cosas útiles? Para mi sí, me dan alegría y compañía mientras leo o escribo.

Me encanta la sensación de “página en blanco” que transmite mi casa. ¡Pienso que así hay espacio para que ocurran cosas maravillosas!

Quizás ahora estás pensando: bueno, entonces no tengo porqué deshacerme de la colección de sellos de cuando era pequeño o de ese delicado juego de café de porcelana que es lo único que me queda de mi querida abuelita… Por supuesto que no, pero yo sí lo haría.

¡No tienes corazón!

Sí, lo tengo. Deja que te cuente porque creo que es mejor irse desprendiendo de todas esas cosas con valor sentimental.:

El valor sentimental es como el Loctite. Hace que algunas cosas se nos peguen de por vida y nos obliga a arrastrarlas allá donde vayamos, ¡si es que el peso de toda esta morralla nos permite ir a algún sitio!

¡Las cosas con valor sentimental son un incordio! Guardas una colección de sellos, pero no recuerdas la última vez que te entretuviste echándole un vistazo. ¡Estos objetos son los restos de lo que hemos vivido!

Otra cosa que deberías plantearte es dejar de comprar souvenirs en cada uno de tus viajes (mucho menos, aceptar los de tus amigos): la pequeña Torre Eiffel en latón, las matrioskas rusas, el imán de la nevera con los ángeles de Rafael…

Sin embargo, en la cima de las cosas inútiles no están ni las reliquias familiares ni los souvenirs, sino aquellos objetos que creemos que nos acercan a aquello que nos gustaría ser.

Un poco como las enciclopedias que forraban literalmente paredes enteras en las salas de estar del españolito medio de los ochenta, como diciendo ¡en esta casa tenemos cultura! En este grupo de cosas inútiles encontramos desde aparatos de gimnasia que nunca se usan a completos kits de coctelería y decantadores de vino, además de colecciones de Literatura Universal en edición rústica o las sinfonías de Mahler en cd, todavía sin desprecintar.

¡Tener todos estos trastos no te va a hacer más deportista, sibarita, intelectual o melómano!

He pillado esta fotografía de un banco de imágenes porque ya te digo que algo así en mi casa no entra.

UN HOGAR LIBERTO: LA CASA DEL FUTURO

Pienso que un hogar liberto es un poco la casa del futuro. Un espacio no demasiado grande pero limpio y diáfano que da paz y sosiego, y por el que las ideas circulan libremente. Personalmente, opté por pintar todas las paredes de mi casa de blanco y no colgar en ellas ni siquiera un cuadro. Son como una página en blanco sobre las que cada día puedo escribir una historia distinta.

Las cosas nos anclan y aunque es cierto que las anclas impiden que los barcos vayan a la deriva y corran el riesgo de estrellarse contra los acantilados, recuerda que los libertos no vamos a la deriva. Por lo tanto, no solo no necesitamos esos anclajes sino que tenerlos nos estorba un montón.

Recuerda lo feliz que eres cuando viajas con cuatro cosas imprescindibles dentro de una maleta o mochila. Lo libre e increíblemente ligero que te sientes cuando te alejas unos cientos de kilómetros de tus queridas cosas. ¿Y si tu vida pudiera ser siempre así?

Eso es ser liberto.

 

EJERCICIO: 5 X 5

¿Te he convencido? Genial. Pues ahora toca lo más difícil, poner en práctica esta filosofía minimalista. Te propongo un ejercicio para que empieces. Dale un repaso a tu casa y despréndete de:

  • 5 piezas de ropa (abrigo del año de la catapún, pantalones pata de elefante, sudadera que hace 2 años que no te pones, zapatos que te duelen…)
  • 5 utensilios que ya no usas (equipo de esquí, iPod, panificadora, reproductor de CD…)
  • 5 cosas que tienes repetidas (bolis, paraguas plegables, cafeteras…)
  • 5 recuerdos que tienes guardados (pequeña góndola en bronce comprada en Venecia y olvidada en un cajón, apuntes de la carrera, la guitarra de tu padre cuando era hippy en los 70).
  • 5 cosas estropeadas que no has tirado (los iPhone y sus cargadores viejos que llenan un cajón, una taza medio rota que te recuerda un viaje a Estados Unidos, el primer Walkman que tuviste…)

¿Lo has hecho? ¿Cómo te sientes? ¿Te atreves a hacer una segunda ronda y desprenderte de 25 cosas más?

A mi, el minimalismo me pone 🙂

 

LA NORMA 1 X 1

Desprenderte de todo lo que no usas te puede parecer difícil pero hay otra cosa que aún lo es más: impedir que progresivamente tu recién estrenado hogar liberto vuelva a convertirse en una casa-almacén. Es decir que, poco a poco, vuelvas a acumular y acumular trastos por propia voluntad o porque tus amigos y familiares te van haciendo regalos…

Para evitarlo, yo me aplico la norma 1 x 1. O sea, si compro unas bambas nuevas, tiro unas bambas viejas. Si compro un juego nuevo de toallas, tiro un juego de toallas viejas… Y así con todo.

 

¡EL MINIMALISMO, ADEMÁS, TIENE PREMIO!

Si no lo leíste en su momento, te recomiendo un post que publiqué, hace unos meses, sobre minimalismo titulado ¡Me voy a Lisboa, invitado por Wallapop! Y tú, ¿aceptas el reto?. ¡El minimalismo requiere un esfuerzo pero, si te lo montas bien, tiene premio!

 

PARA SABER MÁS:

Si quieres profundizar un poco más en el tema del minimalismo te recomiendo dos libros:

Menos es más. Cómo ordenar, organizar y simplificar tu casa y tu vida de Francine Jay.

La magia del orden. Herramientas para ordenar tu casa… ¡Y tu vida! de la mundialmente famosa Marie Kondo.

¡No sabes lo bien que se vive en una casa vacía de cosas pero llena de ilusiones, proyectos y alegría!

 

 

¡QUIERO SER LIBERTO!

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