El Dorado o Ítaca: escoge tu destino

En el artículo de hoy, te quiero hablar del gran viaje que es la vida y, para ello, quiero compartir contigo un capítulo de mi libro SER LIBERTO: el libro que tu jefe no quiere que leas.

Espero que te guste 🙂

 

Me voy a poner un poco en plan Paulo Coelho (¡no te asustes!) y voy a recurrir a 2 mitos para hablarte simbólicamente sobre 2 maneras muy distintas de entender la vida.

¡Qué el resplandor del soñado El Dorado no te cegue!

Empecemos por el Dorado. Como posiblemente sabrás, el mito del Dorado se origina en la época de la conquista, alrededor del año 1530, en lo que hoy es Colombia. Por aquel entonces llegó hasta los oídos de los conquistadores españoles una leyenda según la cual el rey de los muisca protagonizaba una ceremonia en la que se cubría el cuerpo con polvo de oro completamente y realizaba ofrendas en una laguna sagrada. Los conquistadores, sedientos de oro, y quizás hartos de vino, imaginaron para ese rey ciudades enteras pavimentadas de oro y rebosantes de piedras preciosas. La leyenda corrió como la pólvora y, durante siglos, aventureros ciegos de codicia arruinaron su vida tratando de hallar tan fabuloso tesoro.

Creo que para muchas personas el Dorado es la razón por la que se levantan cada mañana

En el mejor de los casos, el Dorado puede ser un fin de semana en el Pirineo como recompensa a una semana de preocupaciones y trabajo duro. Pueden ser un par de semanas en Nueva York a tutiplén el próximo verano para olvidarse de todo durante unos días. O puede ser una jubilación dorada como premio a toda una vida de sacrificios.

 

En el peor de los casos, el Dorado es ese safari por Botsuana que cada año repites que te vas a permitir, pero lo acabas aplazando para el siguiente porque no puedes darte el lujo de desconectar del trabajo un par de semanas. Es ese trekking por Vietnam que dices que vas a hacer cuando te pongas un poco en forma, pero sigues sin encontrar tiempo para ir al gimnasio. O, incluso, esa buena novela que te regaló tu pareja hace medio año y que aún no has podido empezar porque cada día te metes en la cama rendido.

 

El Dorado es soñar con un futuro de riquezas que ilumine el penoso camino que hay que recorrer hasta llegar a él

 Veamos cuál es la alternativa.

La isla de Ítaca que inspiró al poeta bien vale también una escapada.

Para ello, me voy a referir al mito de Ítaca, la versión de Cavafis. Ya sé que podrías buscarlo en Google, pero me apetece reproducir íntegramente este conocido poema inspirado en la Odisea de Homero:

 

Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrígones y a Cíclopes o al airado

Poseidón nunca temas:

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia la emoción

de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrígones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón

hallarás nunca

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien los pone ante ti.

Pide que tu camino sea largo,

que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer felizmente arribes

a bahías nunca vistas.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta,

mas no apresures el viaje,

mejor que se extienda largos años,

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje,

sin ella el camino no hubieras emprendido,

mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.

Rico en saber y en vida como has vuelto

comprenderás ya que significan las Ítacas.

 

Magnífico, ¿verdad?

 

Cavafis nos trasmite en este poema una idea muy poderosa: más que el destino o la meta, lo importante es el camino, el viaje

En definitiva, la vida. En este sentido, nos dice que es bueno que este viaje sea largo y rico en experiencias que nos hagan sabios. Nos aconseja que disfrutemos de cada paso y que ningún miedo nos detenga. De este modo, concluye el poema, llegaremos a Ítaca, al fin, ricos en saber y en vida.

 

Venga, que tienes que sacar ya los billetes. ¿A dónde te diriges? ¿Al Dorado o a Ítaca?

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